"La naturaleza es grande en las grandes cosas, pero es grandísima en las más pequeñas" Saint-Pierre (1737-1814)
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domingo, 31 de agosto de 2014

Amor entre dehesas y jaras

No he podido evitar hablar sobre la nueva telenovela de amor de primavera, titulada “Pasión de Linces”. Hace unos días salió la noticia de que dos de los ocho linces liberados en el Valle de Matachel (Badajoz), dentro del programa Life Iberlince, con el que se intenta la reintroducción nuevamente de esta especie endémica de la Península Ibérica mediterránea en la región, habían comenzado a contactar y a coquetear entre ellos. Sus nombres son Komodo y Kodiac.
Uno de los linces no se ha adaptado adecuadamente al medio, y lo han tenido que devolver por un tiempo al centro de cría de la localidad cacereña de Zarza de Granadilla, y otro desgraciadamente ha fallecido al no adaptarse adecuadamente a la zona.
Pero centremos la atención en esa pareja incipiente, que puede ser el origen de una bonita amistad, amor o por el contrario un simple lio veraniego, tan común por ejemplo en nuestra especie.
Hace tiempo escribí por este mismo medio el primer capítulo de esta telenovela, con la llegada a Matachel de los primeros ocho linces, que tendrían la difícil tarea de adaptarse a un ambiente nuevo, desconocido, pero idóneo para ellos, deberían de buscarse su sustento y entablar contactos entre ellos.
Pues bien, hoy se puede escribir el segundo capítulo, que esperemos tenga un final feliz y sigan surgiendo nuevos capítulos en el futuro de esta apasionante historia de encuentros y desencuentros.
Javier Alameda Lozano

viernes, 15 de agosto de 2014

La epidemia de Ébola

La Organización Mundial de la Salud (OMS) acaba de lanzar la alerta sanitaria a nivel mundial por el brote de expansión epidémico del virus del ébola en países del centro y oeste de África. Aclaremos tres asuntos respecto a este tema.
En primer lugar, el ébola es uno de los virus conocidos más mortíferos en cuanto a su virulencia, capacidad de propagación y contagio a través de fluidos corporales, y su fase de incubación durante un período de no más de dos semanas que en más del 90 % de los casos resulta mortal. Es un virus cuyo origen se desconoce, pero cuyo paso al ser humano se encuentra en la ingesta de ciertos animales africanos (murciélagos y primates), como tan gráficamente bien nos han mostrado algunas películas de Hollywood. No olvidad su característica quizás más dramática, que es la aparición de hemorragias tanto internas como externas.
En segundo lugar, las empresas farmacéuticas, en concreto Mapp Biopharmaceutical Incque, que ya posee un tratamiento temporal (no definitivo). ¿Por qué dichas empresas, multinacionales privadas, no invierten ingentes cantidades de dinero en I+D+E en los mayores laboratorios de investigación de los países más desarrollados del mundo, sin que por ello obtengan grandes réditos económicos, pero en cambio si contribuyan a paliar este gran problema que supone un virus tan potente? Quizás la respuesta se encuentre en que este virus no afecta de primera mano a ninguno de estos países desarrollados, y es por ello, que aunque se investiguen en unos cuantos centros, no es un asunto de primer orden.
En tercer y último lugar, el papel de los diferentes Estados en esta epidemia. Sin ser grandes expertos ni tener Másters en Virología, es evidente que los países de nuestra órbita deberían ayudar con todos sus medios humanos especializados, materiales y económicos en colaborar y actuar en los lugares de origen del foco de expansión para evitar la propagación del virus en zonas donde las condiciones humanas e higiénicas son muy deficientes y apenas se cuenta con recursos. Esperemos que el ébola siga solamente viéndose en su forma más atroz en las películas americanas.
Javier Alameda Lozano

miércoles, 30 de julio de 2014

La sexta extinción

Hace poco se ha conocido de un estudio en la prestigiosa revista científica Science, que nos encontramos actualmente ante la sexta extinción masiva de animales, consecuencia como no podía ser de otra manera de la actividad humana.
Los que provenimos de una cultura científica universitaria basada en el análisis de los datos existentes, la observación racional de los hechos y el sostenimiento de una actitud crítica, ya conocíamos estas informaciones preocupantes.
No es ninguna sorpresa, por tanto, afirmar que la actividad humana desde el siglo XIX y su vertiginoso desarrollo ha provocado la destrucción de ecosistemas, la desertización y desertificación, la contaminación atmosférica y acuática, la pérdida de biodiversidad desde el punto de vista más ambiental. Pero también ese mismo desarrollo desigual e interesado de las regiones y sus gentes han llevado a la existencia de numerosos conflictos que han provocado la muerte de millones de seres humanos en este tiempo.
Es cierto, que con el nivel de consumismo que vivimos en la actualidad y sabiendo que somos unos cuantos de miles de millones de seres humanos, nuestro planeta se encuentra en peligro, tiene un límite de sostenibilidad (lo que en ecología llamamos capacidad de carga del ambiente).
No solo es la sexta extinción de los animales, incluidos nosotros que nos matamos a nosotros mismos, también de las plantas, hongos y del resto de organismos poco conocidos, pero increíblemente importantes para el desarrollo de la vida en la Tierra.
Todavía se está a tiempo de corregir el desaguisado que el Homo desastrosus, como me gusta a mi mencionar al Homo sapiens, ha provocado. Lo primero y más importante es crear conciencia global de la importancia que tiene el medio ambiente para nosotros, y si uno mismo adquiere esa conciencia de conservación, respeto y sostenibilidad a todo y a todos y todas, posteriormente el resto de medidas y políticas se orientarán más fácilmente hacia ese paradigma de convivencia en un entorno saludable.
De todas formas, la sexta extinción no provocará la desaparición de infinidad de seres vivos tan importantes y creadores de vida como serían las bacterias. La vida seguiría su curso.
Javier Alameda Lozano